No hay acceso de lucidez que te predisponga a la escritura. Puedes escribir enojado, contento, decepcionado. Pero ese enojo, esa felicidad, esa decepción serán el síntoma de algo que viene de mucho más atrás. No hay rapto de inspiración que te obligue a sentarte a escribir. Dudo que existan el genio creador, los arrebatos literarios o los golpes inventivos.