El anarquismo tenía que estar del lado de la vida, tenía que brotar del gusto de vivir: no de la responsabilidad, no de la seriedad, sino de la alegría. Y por ello Emma lo definió con una sola frase: «“Quiero libertad, el derecho a expresarme por mí misma, el derecho de todos los cuerpos a las cosas bellas, radiantes”