Margaret Sanger, la primera gran proselitista del control de la natalidad, dice que de los primeros cientos de mujeres que le escribieron suplicando información anticonceptiva a principios del siglo xx todas hablaban de su deseo de tener más salud y fuerza para ser mejores madres con los hijos que ya tenían; o deseaban ser físicamente afectuosas con sus maridos sin temor a la concepción